¡Algo está podrido en Dinamarca! Dijo el dramaturgo William Shakespeare en boca de uno de sus personajes más famosos hace algo más de 500 años. Hamlet, como la mayoría de sus personajes estaba basado en una leyenda, en este caso del siglo XII.Desde antiguo se ha considerado que un buen escritor es aquel que huye de los tópicos. Y lo mismo se dice de los periodistas. Un buen informador tiene que salirse de los tópicos y crear su propia realidad. Eso hizo Shakespeare con su obra. Creó un mundo a su medida, y quinientos años más tarde, este universo sigue vivo a través de sus obras. Y eso lo ha convertido en una leyenda de la literatura.
En cambio, un tópico, recurriendo al diccionario, es una expresión trivial o muy utilizada. También es un cliché o esquema formal del que se hacen servir los escritores con frecuencia. Es la referencia de aquel escritor que no va más allá. Es lo que utilizan algunos columnistas para referirse al mundo. Llenar de tópicos un espacio que en teoría debería estar ocupado por la información, interpretación u opinión.
¡Algo está podrido en España! Podemos afirmar hoy, quinientos años más tarde. Cada vez que uno de estos columnistas cae en un tópico, nuestra riqueza cultural y lingüística se resiente. Cada vez que se nos trata de “vagos” a los jóvenes o a las mujeres de izquierdas de “Lletjotes”, se incurre en un tópico. Y los tópicos alimentan a los mitos.
Sin ir más lejos, la semana pasada recibimos la visita del polémico Salvador Sostres, un columnista del diario Avui. Antes de entrar en clase, se nos pidió que olvidáramos todos nuestros prejuicios. Creo que la mayoría de nosotros lo hicimos, pero el personaje cayó por sí solo. Después de una auténtica perorata, en la que se presentaba como una persona que creía en la verdad única y en la que nos presentaba a la crítica como una forma de hacer periodismo, se ha descubierto.
Durante su discurso, se mostró contrario a los tópicos, lo mostró como el veneno que acabaría con nuestras carreras, y se indignó sobre manera cuando le preguntamos si se consideraba una persona polémica.
Podéis imaginaros entonces cual ha sido nuestra sorpresa cuando esta mañana hemos ojeado los periódicos, sí algunos leemos más cosas que El País, y hemos visto la columna de Salvador Sostres. En ella, se califica a los estudiantes de la UPF de tener “un pensamiento único”, de no tener “curiosidad intelectual” y lo que es más grave, califica al rector, Salvador Alsius de “inútil”. Es por eso, que ¡Algo está podrido en España!
Pero volviendo al tema del tópico, su figura es la del polemista. Se podría equiparar a otras figuras como Jiménez Losantos, o César Vidal. El personaje que han creado es en sí, un tópico. De hecho, el tópico de “fantasmot”, como diría Sostres siempre en tono irónico y divertido, es uno más a eliminar de la lista.
Oriol Fernández Rodríguez